EL LUGAR MAS AUDAZ Y VALIENTE

Alguien dijo que la geografía de una
ciudad inteligente debe estar hecha
a la medida de los pies de quienes la
caminan. Con esta frase, una galardonada
publicista inicia un recorrido por “su
Nueva York”. Una mirada muy íntima.
RESTAURANTES
Mis gustos van desde La Flor de Mayo, de chinos
peruanos, de comida latina, hasta Per Se, de Thomas
Keller, ideal antes de una noche de música en Jazz@
Lincoln Center. Algunos favoritos: Paella de carne en
Socarrat. Fideos con ostras y aioli en Casa Mono.
Para tacos La Superior, en Brooklyn. Para comida
progresiva bien inventiva wd-50, de Wylie Dufresne.
Para una buena cena: Momofuku Ssam Bar, donde
el joven David Chang gana premios convirtiendo
vísceras en delicias. También Dovetail, Torrisi Italian
Specialties, donde el gran sabor no cabe en el
pequeño espacio; no olvidar Bar Boulud para vino y
charcuterie y si buscan algo latino, Café Cortadito…
Ya sean turistas o “locales”, la gente disfruta un buen
brunch y yo recomiendo: Minetta, una taberna de la
época de la Prohibición que Keith McNally ha llenado
de magia y celebridades. El brunch es genial, pero
las carnes a la hora de la cena son las mejores de la
ciudad. Para brunch también está la obra maestra de
McNally, Balthazar, “el lugar” del brunch, que ahora
se llena de turistas; muy bueno también es Locanda
Verde que es del chef Andrew Carmellini y el actor
Robert DeNiro, con unos panes y dulces de Karen
Demasco de veras increíbles. Para tascas, mi favorito
es El Pote, donde se come como en España: una
paella deliciosa y un ambiente sin pretensiones.
Hace años que vamos. No es comida de autor, es
comida de sabor.
Para “cultos” ningún restaurante mejor que The
Modern en el Museo de Arte Moderno (MoMA).
Para los “románticos”, el River Café sobre una
barcaza en Brooklyn con vistas de Manhattan
insuperables. Para “trasnochados”, mi hijo Gabriel
(que estudia en NYU y es editor para el blog Eater)
nos ha descubierto: el Spotted Pig, Sushi Seki, y
Blue Ribbon. Ah, para “excéntricos” está Petrossian
con el mejor caviar, foie gras y un menú francés y la
habilidad de llevarnos a la bancarrota.
LA MEMORIA EN CADA LADRILLO…
Pero Nueva York nos invita a caminarla, no a estar
comiendo todo el tiempo. Es un espacio didáctico
fluído, lleno de memoria en cada adoquín; es
un ejercicio visual permanente que invita a un
diálogo del peatón y su entorno. Nada mejor que
andarla: de Chinatown a la Pequeña Italia, ver sus
locos y predicadores, sus exhibicionistas, ir a sus
museos “esperados” (MET, Guggenheim) y otros
inesperados como la Neue Galerie, fundada por
Ronald Lauder, el de los cosméticos, en 2001, sólo
para arte austriaco y alemán del siglo XX de su
colección y la de su amigo Serge Zabarsky quien
da nombre al Café Zabarsky situado en esta mansión
Beaux Arts de 1914: siéntanse en Viena con
comida y dulces deliciosos.
Salir de allí y caminar la Milla de los museos y
toparse con los camiones y luces de cualquier
filmación en progreso y seguir, porque hacia todas

partes, la ciudad nos regala arquitectura: el edificio
Woolworth, la fachada del edificio Bayard-Condict,
el almacén romanesco y los edificios blocky de
Lafayette, cerca de la Universidad de Nueva York,
el edificio Seagram y el Lever House en la avenida
Park, el impresionante art deco del edificio MetLife
y su torre en Madison Square Park, la nueva Hearst
Tower.
UNA ENERGÍA ÚNICA…
Algunos se lamentan de que Nueva York no tenga
la planifi cación arquitectónica urbana de París, lo
que hizo Haussmann con aquella ciudad, perfecta
en sus avenidas y en su diseño, que entendió la
ciudad como un organismo y sus avenidas como
arterias. Nueva York es bello de otra manera y lo
único que lamento es que no tenga más cafés al
aire libre que induzcan a un voyeurismo citadino. El
ritmo de Nueva York es más veloz y eso es lo que
hace que su energía sea insuperable.
¿Qué queda por ver? Un mundo de maravillas.
Brooklyn, Harlem – el nuevo-viejo-eterno-Harlem – ,
barrios como Queens donde se puede comer la
mejor comida coreana fuera de Seoul, la modernidad
de Soho, la vibra del Village…¿el teatro?
No vamos tanto a Broadway pero es maravilloso
saber que está ahí, como está la oferta culta y en
español de Teatro Repertorio Español con obras
de estreno o el mejor Lorca que se pueda montar
fuera de España.
UN VERANO EN NUEVA YORK…
Ahora se mezclarán primavera y verano. Si con el
invierno la ciudad adquiere el relieve adusto de la
sabiduría, en este cambio es una transculturación
latinoamericana: hay otra banda sonora y caminar el
Parque Central es una fi esta para los sentidos. No
por gusto las grandes mentes del planeta se apuntan
a Nueva York como la Capital del Mundo. No cuesta
trabajo encontrarnos en sus calles al Nobel de
Literatura Mario Vargas Llosa, al arquitecto-de-arquitectos
Santiago Calatrava o el actor Colin Firth. Aquí,
en estos días, se confi rma lo que a veces se pone
en duda: este no es un sitio frío al hombre, sino un
espacio relativamente pequeño pero enorme que
alberga comprensión y ternura, quizás el lugar más
audaz y valiente a la hora de defender la originalidad
y la diferencia.
Llegó también la hora de acercarnos a un carrito
callejero y decir: “¡Un hot dog, por favor!”•
Daisy Expósito-Ulla} publicista cubano-americana,
y su marido, Jorge Ulla, cineasta premiado y
productor musical con dos nominaciones “Grammy”,
viven en el piso 33 de un rascacielos situado en el
Upper East Side y trabajan juntos desde sus oficinas
de “d expósito & Partners” en la Calle 31 y la Sexta
Avenida (Avenida de las Américas). Su vocación por
Nueva York desborda cualquier límite.

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