ADELA EN LA COCINA

Lleva más de tres décadas agregando su muy particular
sazón a los platillos más típicos de Puerto
Rico. A sus 77 años de edad, no hay quien la
pare. Todo, por su amor a la cocina boricua, que
despliega desde su restaurante “Casa Adela”.

Se levanta a las 5 de la mañana.
Y pocos minutos después, ya está en su
restaurante, Casa Adela, que queda en la
parte baja del edifi cio donde vive, en el
Lower East Side, para ‘guayar’ plátanos guineos y
otros túberculos, y preparar sus famosos pasteles
puertorriqueños.
“Ay m’ijita”, dice Adela con un tono que mezcla
orgullo y humildad, “siempre he cocinado, siempre,
y no creo que me queden tan mal mis pasteles, los
hago con mucho cariño”.
Son únicos. Hay que probarlos. Así como los
otros platillos que integran su menú muy básico: pollo
asado con adobo puertorriqueño, arroz con gandules,
pernil que se deshace en la boca, alcapurrias, pasteles
en hoja de plátano y un café humeante que parece
recién preparado en el campo de Puerto Rico.
Precisamente, su amor por la cocina boricua trajo
a Adela Fargas a Nueva York, sabía que su sazón no
pasaría inadvertida. Dice que aprendió a cocinar con
su madre en su isla natal, una mujer exigente que
le supervisaba la preparación de cada platillo con el
rigor de un militar, pero siempre con cariño. Y su
sabor se impuso rápidamente en el paladar de miles
de puertorriqueños que descubrieron su primer establecimiento
en downtown y más tarde un segundo
en la Avenida C, en donde permanece hasta ahora.
“Llegué a esta calle en 1976”, dice Adela, “era un
barrio desierto, pero poco a poco los boricuas se
fueron acercando, trajeron a su familia, a sus amigos,
y así empezó a crecer todo”.
El sitio de Adela tiene apenas seis mesas, por lo que no
admite reservas pero si hay que esperar no importa, la
mayor gratifi cación es saborear sus platillos.
Hoy, al sitio llegan no sólo los residentes del
barrio, sino puertorriqueños de otros condados que
quieren probar su auténtica comida, y clientes de
otras nacionalidades que aprecian también la sazón
única de Adela, incluidos anglosajones.
“Llevo ya más de tres décadas aquí, y no voy a parar”,
comenta Adela, “mi hijo trabaja conmigo desde
hace varios años, él se hace cargo de la administración,
y cuando alguien me pregunta si quiero vender
el restaurante, siempre les digo que ya tengo quien
estará al frente por muchos años más”.
Y no sólo su hijo está al frente del establecimiento,
sino un equipo leal de cocineros y ayudantes que
son ya parte de su familia, y que la han acompañado
en su aventura gastronómica durante décadas.
En este mes de festividades puertorriqueñas,
Casa Adela es el refugio para celebrar con orgullo la
herencia de las raices taínas, y no hay tregua alguna
entre su personal para satisfacer a la clientela que
acude desde las 8 de la mañana hasta el cierre a las
11 de la noche.
“Yo abro siete días a la semana”, dice Adela, “pero
más que un trabajo, para mí todo esto es rescatar
una tradición, la de mi cocina boricua”•

Casa Adela}
66 Avenue C (esq. 5th St.) Mhn. T. (212) 473-1882

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