
“Al final de la película, Emilia muere y Julio se queda solo”. Así comienza “Bonsái”, segunda película del director chileno Christian Jiménez, que se estreno el pasado viernes en el IFC de Nueva York.
Basada en una novela de Alejandro Zambra, la película cuenta la historia de Julio, el personaje al que supuestamente se le augura una inevitable soledad. Acorde con esa poca información que se anticipa, no sorprende nada el personaje de Julio que se nos presenta; entre lánguido y pusilánime, algo inexpresivo, como si todo lo que le fuera a pasar le costara un esfuerzo imposible o ya le hubiese pasado mil veces. Él es el protagonista de la historia que se desarrolla a partir de su encuentro con un viejo escritor, Gazmuri, que tiene la intención de encargarle una novela que empiece cuando el protagonista se entera de la muerte de su exnovia. Julio se compromete a escribirla y aunque finalmente Gazmuri no le contrata, Julio pretende haber conseguido el encargo para no decepcionar a su actual pareja, Blanca.
La búsqueda de inspiración para su novela le lleva a revivir la relación que tuvo con su primer amor, Emilia, cuando estudiaban juntos ocho años antes, saltando entre pasado y presente, narrando dos historias separadas en el tiempo pero con un fondo común. Dos historias paralelas que hablan de escritura, de amor, de soledad, de personas que no saben o no pueden expresar sus sentimientos, que sobreviven lentamente en un mundo sin perspectiva, donde todavía los libros son en papel y se lee a Proust en la cama y las fiestas son en casa y las amigas nunca se separan.
A pesar de la insipidez de las conversaciones de los personajes y lo cotidiano de todo lo que hacen juntos, sorprendentemente la película no llega a desesperar. Su cierto tono lirico y la forma en que nos llegan las imágenes ejercen cierto poder hipnótico que acaban por acercarte al pequeño Julito que cada uno tiene dentro: ese yo de tono vital bajo, desorientado y solo, que comprende al personaje aunque nos amuerme.
De esta forma transcurren las dos historias hasta que ambas épocas se entremezclan cuando Julio se entera repentinamente de la muerte de Emilia. La película se cierra entonces de forma perfecta, cuando Julio relee con un nuevo sentido, una de las frases de Proust de “El tiempo perdido” que leía con Emilia. ”Y media hora después me despertaba la idea de que ya era hora de ir a buscar el sueño; quería dejar el libro, que se me figuraba tener aún entre las manos, y apagar de un soplo la luz; durante mi sueño no había cesado de reflexionar sobre lo recién leído, pero era muy particular el tono que tomaban esas reflexiones, porque me parecía que yo pasaba a convertirme en el tema de la obra” Porque Julio era el tema de la obra de Gazmuri. Y el tema de su novela. Y el de la obra de Proust. Y nuestros Julitos, el tema de Bonsai. Y en realidad, daba igual que Emilia hubiera muerto y que Julio se hubiera quedado solo.
Bonsai
Escrita y dirigida por Cristián Jiménez, basada en la novela de Alejandro Zambra; director de fotografia, Inti Briones; montaje por Soledad Salfate; música de Caroline Chaspoul and Eduardo Henríquez, con canciones de Pánico, Supersordo, Congelador, Emociones Clandestinas, Fiskales Ad Hoc and Tío Lucho; dirección artística de Zambrano; vestuario de Mary Ann Smith; producida por Bruno Bettati, Julie Gayet and Nadia Turincev. En los cines IFC Center de Nueva York, 323 Avenue of the Americas, at Third Street, Greenwich Village. Idioma español con subtítulos en Ingles, Duración: 1 hora 35 minutes.
Reparto: Diego Noguera (Julio), Natalia Galgani (Emilia), Gabriela Arancibia (Barbara), Trinidad González (Blanca) and Hugo Medina (Gazmuri).

