Rubén Blades, ¡Viva la salsa!

“Si quieres saber de dónde vengo, tienes que oír a Jongo trio”, dice el seis veces ganador del Grammy.

Pie derecho revista P12_MUSICA_ruben_blades

Por Ignacio Acosta

Foto: Cortesía R. Blades

Durante dos décadas Manhattan fue su ciudad y la plataforma donde surgió su voz con fuerza para difundirse a todo el mundo a través de la disquera Fania.
Desde entonces, su historia de amor con Nueva York se mantiene y cada vez que regresa, la ciudad de los rascacielos lo recibe como a un hijo pródigo.
“Si quieres saber de dónde vengo, tienes que oír a Jongo trio, ese grupo me dio una dirección social para saber de dónde venía yo”, dice el cantautor panameño Rubén Blades.
Siempre ocupado de ciudad en ciudad, Pie Derecho aprovechó un breve encuentro con él y esto fue lo que nos dijo:
¿Qué es lo primero que te viene a la mente al escuchar la canción “Patria”?
Amor
¿Desapariciones?
Llanto
¿Y cuando escuchas “Pedro Navaja”?
Olor a callejón
Estás son las respuestas de un Rubén Blades displicente y siempre gentil.
Tras haberme confesado que la vida lo llevó a tocar con Willie Colón en vez de con Mango Santamaría, hemos platicado cómodamente sentados a la sombra de un café de las razones por las cuales regresó a la salsa en el 2010, tras un periodo en la función pública de su país.
“Después de cuatro años como servidor público en Panamá, la espera ha sido larga y no quería siquiera tener cerca una guitarra para no distraerme. Tres meses antes de salir del cargo pregunté si alguien estaría interesado en contratarnos y recibimos unas 38 invitaciones, por lo cual decidí llamar a los muchachos )O. Hernández, R- Marrero, M. Viñas). Ahora, sólo estoy preocupado por salir al escenario y que la emoción no sea tanta que nos haga perder el control”, expresa con alegría.
¿Cuál es la situación de la salsa ahora?
Está en un estado letárgico que se produce por el aburrimiento de los temas de la salsa romántica, modelos trillados, los mismos arreglos, las mismas direcciones, los mismos cantantes, que tiene que sonar de la misma forma. Si quieres oír salsa sólo tienes que abrir la computadora y escuchar a Palmieri, Barreto, a Puentes, no se han muerto, están todos vivos ahí en los discos; es una situación de péndulo, de repente coge pa´quí de repente coge pa´llá, pero a diferencia de otros géneros, la salsa real la tocamos en vivo.
¡Bienvenido de regreso a la salsa, Rubén!

Artículo editado por Rosalía Reyes, de su versión original publicada en el número 2 de la revista Pie Derecho en noviembre de 2010.

Calle 13, ¡Callejeros!

René Pérez y Eduardo Cabra resultan polémicos, irreverentes, transgresores. Su música es de alto voltaje. Pie Derecho conversó con uno de ellos, Eduardo, Visitante, luego de que René, Residente, le cediera la palabra.

pie derecho revista P6_CALLE13_gallos

Por Norberto Bogard

FOTOS: Sony Records

René en las montañas de Machu Picchu.

Pie Derecho conversó con Eduardo y esto fue lo que nos dijo:

Los Grammys latinos. Son chéveres. Siempre una buena noticia, pero no basamos la carrera en eso. Ta’ bueno, pero tampoco. Con cualquier premio en la mano, al día siguiente seguimos trabajando.

Las cámaras. No me gustan. Que enfoquen a René me quita un peso de encima. Estamos claros de la labor de cada uno. Es más, a mí me sirve de filtro eso.

Música. Yo de niño estudié música clásica en Puerto Rico, interpretaba en el piano a Mozart, Mendelssohn, Bach. Con el tiempo, ya en mi adolescencia, empecé a tocar otros ritmos con un grupo de amigos. Ahí me prendió la música, pero sólo música, nunca le he metido a la letra como mi hermano René.

Influencias. Escucho todo tipo de música y por eso me gusta viajar, porque hablo con la gente y siempre me están sugiriendo artistas que no conozco y eso me ayuda mucho al crear. Ahora escucho a Los Beatles…me gustan, me gustan. Su música no tiene época, aún ahora muchos tratan de usar cosas que ellos hacían.

Trabajo en equipo. La colaboración entre nosotros dos es muy buena. A veces las letras surgen primero, René me propone algo y yo trabajo la música…otra veces es al revés. Él tiene más energía, yo tomo las cosas más suaves. René escribe todo el tiempo y está en un estado anímico de permanente creación.

Artículo editado por Rosalía Reyes de la versión original publicada en el Número 02 de la revista Pie derecho, en octubre del 2009.

“Obama me hizo una promesa sobre indocumentados”

El periodista mexicano Jorge Ramos urge a concretar la reforma migratoria.

pie derecho revista P26_SEC_LIBROS_JRamos

Por Norberto Bogard

Foto: Gio Alma

En su libro “Tierra de todos”, el periodista de la cadena Univisión Jorge Ramos plantea una tesis básica, que asume en sus propias palabras:
“Es hora de que 14 millones de indocumentados obtengan una situación legal. No pueden seguir viviendo en la sombra. El presidente (Barack) Obama me lo prometió así durante su campaña y dijo que podría conseguirlo en el primer año de su gestión”.

Ramos recuerda con exactitud la promesa que le hizo Obama. Fue en una escuela de Denver, Colorado, cuando el ahora mandatario buscaba el respaldo del Partido Demócrata y enfrentaba como rival a la entonces senadora Hillary Clinton. El periodista también cita de memoria la fecha: un 28 de mayo del 2008.

Al expandirse en el tema, la voz de Ramos refleja un matiz de pasión diferente al de su ya habitual estilo periodístico, objetivo y directo:

“Obama es un hombre inteligente”, dice. “En esos días, las encuestas favorecían a Hillary Clinton y ante mi pregunta concreta de qué haría con el tema de los indocumentados si llegara a ser presidente, de manera llana me contestó que lo resolvería en su primer año de gobierno. Le pregunté a quemarropa: ¿Lo promete? Su respuesta fue ‘sí’, ante las cámaras”.

En “Tierra de todos” Jorge Ramos no sólo describe la anécdota del intercambio con Obama, sino también su visión sobre el aporte de millones de indocumentados a este país, que ha perfilado en más de dos décadas de oficio periodístico.

El conductor explica su tesis:
“El verdadero estímulo económico se llama ‘inmigrante’. Hay que legalizar a los indocumentados por muchísimas razones. Aportan mucho más de lo que toman a este país, pagan impuestos, crean trabajos, remplazan a personas que se retiran…entonces por qué no pueden tener derechos. Todos debemos ser tratados iguales”.

Ramos agrega:
“Este libro fue escrito con el único objetivo de legalizar a los indocumentados. Siempre he jugado con la idea de meterme a la política, pero al final llego a la conclusión de que tengo una mayor influencia como periodista que como político. Es mi forma de participar en la vida pública, guardando los límites de mi profesión de periodista.

Y como si se despidiera ante las cámaras, concluye:
“Los inmigrantes hacen de los Estados Unidos un mejor país”.

pie derecho revista P26_SECLIBROS_TIERRA

Artículo editado por Rosalía Reyes, de la versión original publicada en el Número 01 de la revista Pie derecho, de septiembre del 2009.

Colombia a ritmo de “Big band”

El músico bogotano Gregorio Uribe, residente en Nueva York, no tuvo problema en definir su vocación. A los 7 años de edad sabía que iba a ser músico y a los 24 años, fue director de su propia “Big band”.

pie derecho P10_SECMUSICA_GURIBE

Por Norberto Bogard

FOTO: Diana Levin

Siempre se imaginó en los escenarios como un rockero. Y casi dos décadas después, sólo su ritmo ha cambiado.
Intérprete, compositor, ejecutante de más de tres instrumentos y director de su propia banda, Gregorio Uribe explora la recreación de la música folclórica de su país, imprimiéndole un sonido único y original.

En Nueva York arrastra su acordeón, su guitarra y su equipo de sonido por las calles y los trenes como si fueran una extensión de su cuerpo. Así se gana la vida en los bares y restaurantes de la ciudad, para seguir consolidando su mayor anhelo, integrar su “Big band” de manera permanente.

Su larga búsqueda musical quiere resumirla con la ejecución de los ritmos vibrantes de Colombia, desde el vallenato hasta la cumbia y hacer sus propias composiciones.

¿Cómo empezaste a apasionarte por la música?
Quizá como muchos otros niños que quieren tocar la guitarra. Es curioso, mi familia no tenía una gran inclinación por la música, pero me apoyó para que tomara clases de guitarra. Yo en ese momento, creo que tenía nueve años, empecé a componer con los primeros acordes que aprendía.

¿Y ese fue el arranque con la música?
Sí, después me metí a tocar batería. Justo en esa época, también en mis años de escuela primaria, empecé a tener el contacto con el campo, y así descubrí la música folclórica de mi país. Esa música bellísima estaba enterrada, no tenía mayor presencia. Por suerte, Carlos Vives la rescató, y nos abrió el camino a muchos.
Para todos era una sorpresa cuando veíamos a Vives…nos preguntábamos, quién es ese tipo rockero, con los jeans rotos y pelo largo, que interpreta canciones de campesinos de 80 años de edad, y las pone en nuestro lenguaje.
Yo quería ser parte de eso. Empecé a estudiar acordeón.

Luego vendrían otras dos experiencias fundamentales en la definición de su gusto musical.
La primera de ellas fue un viaje que realizó a los 17 años de edad por varios países de América Latina, sin más compañía que tres amigos y sus instrumentos.
Vivían y dormían donde podían. En seis meses de aventura recorrieron Brasil, Uruguay, Argentina, Chile, Bolivia y Ecuador.
La otra gran experiencia fue haber obtenido una beca que le permitió estudiar cuatro años en el Berklee College of Music, de Boston.

Después de Berklee, vino a Nueva York y la química con la ciudad fue inmediata. Por eso ha permanecido aquí.

¿Qué sigue para ti?
Encontrar el balance entre la música popular, que pueda llegar al gran público sin subestimar so oído. En la música popular hay una paleta muy grande de colores y ritmos que la gente sí quiere oír, si se sabe cómo mostrárselos.
No quiero hacer concesiones fáciles o livianas y lucho mucho por eso.

Artículo editado por Rosalía Reyes de la versión original publicada en el Número 01 de la revista Pie derecho, en septiembre del 2009.

EL CHEF DE “COSTANERA”

Placencia al timón

Costanera Restaurant

Por Denisse Oller

El chef, con dos diferentes versiones del muy único sabor peruano.

El nuevo restaurante de Juan Andrés Placencia, Costanera, se ubica cruzando el Hudson, en Montclair, New Jersey. Desde que abrió sus puertas, hace menos de un año, ha sido un éxito. ¿Su receta? Los platillos de la auténtica cocina peruana con un sabor muy único, un ambiente sumamente original y un servicio digno de reyes incas.
El chef de origen peruano tiene sólo 29 años de edad, pero ha ganado ya otro galardón en el mundo gastronómico con su nueva aventura restaurantera, que secunda a su primer establecimiento, Oh Calamares, de la ciudad de Kearny, también en New Jersey.
Su sitio más reciente, Costanera, va viento en popa, y a diferencia de su restaurante previo, el menú se conforma principalmente de mariscos, en la mejor tradición de la cocina de la costa de su país, sin que margine los platillos ya conocidos de fusión afroperuana.
“Esta fue mi idea al abrir el segundo restaurante”, dice Juan Andrés, “que todo aquel que cruce la puerta del sitio sienta que está visitando el Perú, que encuentre sus sabores auténticos y su magia, una experiencia completa”.
El chef, que creció desde niño en la cocina del primer restaurante que abrieron sus padres al llegar a Estados Unidos, un modesto sitio en Union City, convirtió en vocación lo que era su obligación, y a tal grado se interesó en la gastronomía que tras su adolescencia decidió estudiar en el prestigioso Culinary Institute of America, en Hudson, New York una carrera profesional de cuatro años.
Si bien en Oh Calamares, el primer sitio que abrió con el respaldo de sus padres y su hermano Jonathan como administrador, el chef quiso integrar los platillos más básicos y conocidos de la cocina peruana con su variedad de sabores y empleando ingredientes verdaderamente auténticos, en Costanera su apuesta fue agregar un menú más extenso con una selección acertada de la cocina de mar.
Costanera incluye desde el clásico ceviche de pescado fresco, en tres versiones diferentes, con su aderezo de ají amarillo y limón, o bien rocoto, la causa peruana realizada con papa en una mezcla suave, yucas a la Huancaína, cubiertas con una salsa de ají y casi una decena de ingredientes, hasta otros platillos igualmente elaborados como escabeche de pescado, pescado a lo macho, chaufa de mariscos o lomo saltado.
Todo el menú es un abanico de sorpresas: ensalada de quinoa (la he probado dos veces, verdaderamente deliciosa, con un toque de almendras, cerezas deshidratadas y vinagreta de limón); tallarín verde con bistec, en la mejor tradición de la comida chaufa peruana; chupe de camarones o chicharrón de pescado, y hasta pollo a las brasas incluido para aquellos que deseen probar algo más allá de los sabores del mar.
La atmósfera es parte de la experiencia que describe el chef Placencia: un sitio íntimo, con paredes decoradas totalmente con troncos de árboles naturales, luces ténues y un servicio de meseros diligente, siempre atento al menor requerimiento de los clientes.
Si se vive en Nueva York o en New Jersey, definitivamente Costanera es un buen puerto para tirar anclas y detenerse a tener la experiencia del verdadero sabor peruano, en manos del chef Placencia.

Costanera}
511 Blomfield Avenue.
Montclair, New Jersey
T.(973) 337-8289 www.costaneranj.com

Artículo editado por Rosalía Reyes en diciembre 2014 de la versión publicada en la revista Pie Derecho edición enero 2011.